jueves, 18 de abril de 2013

Significado de la unción de los enfermos


 
  1. Significado de la Unción de los Enfermos
Aceite y unción (AT y NT)
En el Antiguo Testamento la unción se daba para separar a una persona para que realice un servicio especial que Dios le había encomendado; en particular era ungidos el Rey, el Sacerdote y el Profeta, en casos especiales también fueron ungidos los jueces y personas que Dios separaba para realizar tareas específicas.
También eran ungidos los utensilios del templo y sus diversas cosas en señal de consagración.
El sacramento de la Unción es el sacramento de la esperanza teologal, de la esperanza de entrar en la Gloria; de la entrega tranquila del espíritu en los brazos amorosos del Padre-Dios; en los brazos en los que Cristo entregó el suyo desde la Cruz. No de una esperanza que fija su meta en el bien físico de la salud corporal, sino de una esperanza teologal que tiene puesta la vista en la resurrección de ese cuerpo dolorido que ahora está ungido con el óleo, y en su destino final que es la Gloria.
No es un remedio terapéutico de la enfermedad del cuerpo, pero al infundirle fe y esperanza al enfermo, bien puede aliviarle suavizándole la enfermedad, haciéndola mucho más llevadera..., e incluso sanándola, si ello ha de redundar en bien del alma. (Esta doctrina está recogida en el Concilio de Trento, de acuerdo con la Tradición de la Iglesia)
En el sacramento de la Unción de los Enfermos se realizan dos gestos o signos que tienen un profundo sentido: la imposición de manos y la unción con aceite.
El mismo Jesús practicó el gesto de la imposición de manos sobre los enfermos (Mc 6,5; Mt 8,3; Lc 4,40) y lo encargó a sus discípulos (Mc 6,18), que lo practicaron habitualmente (Hch 9, 12.17; 28,8) Es un signo de la bendición que este sacramento confiere.
Respecto a la unción, los seguidores de Jesús, aún cuando estaban con él, ungieron a los enfermos (Mc 6,13) y el mismo Jesús utilizará otros símbolos como la saliva (Mc 7,32-33; 8,23; Jn 9,6) para devolver la salud. Esta unción con aceite simboliza la unción del Espíritu que conforta y auxilia en la enfermedad, identificando al cristiano con Jesucristo resucitado.
La Iglesia Apostólica tuvo un rito propio a favor de los enfermos, el gesto de la unción de los enfermos atestiguado por Santiago 5,14-15.
En la tradición bíblica el aceite es signo de alegría, de riqueza, de felicidad (Sal 23,5; 104,15; 133,2; Mi 6,15), pero también es considerado un alimento y una medicina capaz de resplandecer la salud o de aliviar los dolores (Is 1,6; Lc 10,34) y de dar fuerza. Precisamente por estas cualidades quien era ungido con aceite era capaz de llevar a cabo cosas extraordinarias, así Saúl (1 S 10,1-6), David (1 S 16,13; 2 S 23, 1-2) y también el Mesías (Is 61,1 = Lc 4,18). La unción es como el vehículo del Espíritu de Dios que reviste a las personas que el Señor ha escogido con la fuerza necesaria para corresponder a la vocación a la que él las llama.
La unción de la que habla Santiago es original en relación con el AT, no se identifica por completo con ninguna de ellas. Por ejemplo se extiende hasta la remisión de los pecados.
En el texto de Santiago es evidente el contexto de fe en que se realiza. La oración de fe, excluye toda concepción mágica de la eficacia del aceite. El resultado de la unción se atribuye a la oración. La unción con el óleo tiene una finalidad religiosa, es hecha en nombre del Señor. Unción en el NT significa: “mediante la fuerza del nombre del Señor que se invoca”, haciendo presente la acción salvadora del que curó a los enfermos y ahora está glorioso en el cielo. Más que por mandato o por voluntad instituyente de Cristo, es significando la presencia del Señor  que actualiza su salvación por la fuerza de la invocación  de su nombre. La salvación –efecto de la unción- de que habla el texto, interesa a todo el hombre, que pasa de la esfera de la muerte a la de la vida.
El texto de Santiago habla de una oración y de un rito, destinado a un enfermo grave, pero no a un moribundo. Se trata de un rito institucionalizado, desde el momento en que se llama a los presbíteros de la Iglesia. Tiene un carácter Eclesial y comunitario. La eficacia está unida a la oración de fe en el Señor Glorioso. Los efectos están indicados por los verbos “salvar” y “levantar”, que miran al hombre entero, no excluyendo la curación corporal, pero no se limitan solo a ella, y no la exigen necesariamente.
La tradición ha reconocido en este rito el sacramento de la unción de los enfermos. El texto de Santiago para ser comprendido en el sentido de sacramento de la unción, debe ser leído a la luz de la tradición viva de la Iglesia y no solo exegéticamente.
El sentido fundamental de este sacramento lo podemos concretar en estas afirmaciones:
   * A través del sacramento de la Unción, la Iglesia se dirige al Señor para pedir la salvación y el alivio de sus miembros enfermos, así como la fortaleza para aquellos que afrontan la debilidad de la vejez.
    * Por la Unción, el enfermo y el anciano se ven fortalecidos en su fe porque se hace patente la relación profunda que su situación guarda con la muerte y resurrección de Jesucristo.
    * Este sacramento perdona los pecados de aquel que lo recibe, haciendo presente la misericordia de Dios
    * La solidaridad y el servicio de la Iglesia para con sus enfermos y ancianos se concentran litúrgicamente en los gestos que se realizan en este sacramento.
Son receptores del sacramento:
    * Los fieles que por enfermedad grave o a causa de su avanzada edad se encuentran en peligro de muerte. El sacramento puede repetirse si el enfermo recupera de nuevo sus fuerzas después de recibir la Unción de los Enfermos o si durante la misma enfermedad se presenta una nueva recaída.
    * Los que vayan a someterse a una intervención quirúrgica como consecuencia de una enfermedad peligrosa.


Efectos de este Sacramento
    * Un don particular del Espíritu Santo. La primera gracia es de consuelo, paz y ánimo para vencer las dificultades propias de la enfermedad o la fragilidad de la vejez. Es un don del Espíritu Santo que renueva la confianza y la fe en Dios y fortalece contra las tentaciones del maligno, como el desaliento y la desesperación.
    * El perdón de los pecados. Pues se requiere además el arrepentimiento y confesión de la persona que recibe el sacramento.
    * La unión a la Pasión de Cristo. Se recibe la fuerza y el don para unirse con Cristo en su Pasión y alcanzar los frutos redentores del Salvador.
    * Una gracia eclesial. Los enfermos que reciben este sacramento, uniéndose libremente a la Pasión y Muerte de Jesús, contribuyen al bien del Pueblo de Dios y a su santificación.
    * Una preparación para el paso a la vida eterna. Este sacramento acaba por conformarnos con la muerte y resurrección de Cristo como el bautismo había comenzado a hacerlo. La Unción del Bautismo sella en nosotros la vida nueva, la de la Confirmación nos fortalece para el combate de la vida. Esta última unción, ofrece un escudo para defenderse de los últimos combates y entrar en la Casa del Padre. Se ofrece a los que están próximos a morir, junto con la Eucaristía como un "viático" para el último viaje del hombre.

  1. Historia de la liturgia de la unción de los enfermos
En la Iglesia Latina se distinguen cuatro periodos.
  1. Época apostólica y sub-apostólica a la época de la reforma Carolingia (finales del siglo VIII)
  2. Desde la época Carolingia hasta el concilio de Trento
  3. Desde Trento y ritual pos-Tridentino hasta las exigencias de renovación del C VII
  4. Época actual: Concilio V II y el pos-concilio
2.1.             Desde la época apostólica hasta la reforma carolingia
En este periodo solamente encontramos fórmulas de bendición del óleo y testimonios sobre su uso, pero no rituales propiamente dichos.
El primer documento la Tradición Apostólica, de principios del siglo III atribuida a Hipólito de Roma (+325). Antes de este documento los testimonios sobre la unción son muy escasos y poco seguros.
Después de haber citado la plegaría eucarística Hipólito añade: “si alguien ofrece óleo que (el obispo) dé gracias lo  mismo que para la oblación del Pan y del vino –que se exprese no en los mismos términos, sino en el mismo sentido- diciendo: al igual que santificando este óleo das, oh Dios, la santidad a los que son ungidos con él y lo reciben ( éste óleo) con el que ungiste a reyes, sacerdotes y profetas, que dé también fortaleza a quienes lo prueben (gustantibus) y salud a cuantos lo usen (utentibus)”.
No es claro que se trate de una bendición específica de un óleo para los enfermos, sino que se bendice óleo para todos los usos. En cuanto al uso la fórmula dice que el óleo puede ser “probado”, “usado” o “recibido”. El efecto firmado es la “fortaleza”  (confortationem) y la “salud” (sanitatem). No dice nada con respecto al ministro del óleo bendecido. Lleva consuelo y salud.
Los sacramentarios romanos Gelasianos (Gev) y Gregoriano (GrH), nos han transmitido la fórmula romana Emitte, cuya composición data por lo menos del siglo V. es una fórmula epiclética que invoca al Espíritu Santo sobre el aceite. Se invoca al Espíritu Santo de quien el óleo y la unción son signos. El modo de usar este óleo varía: unción (ungenti), bebida (gustanti), aplicación (tangenti). No se dice quien lo aplica, pareciera que fuera el mismo enfermo. El efecto es la curación de todo el mal del cuerpo y del espíritu.
Otros testimonios, la Carta de Inocencio 1 a Decencio, obispo de Gubbio, del 19 de marzo de 416: En la carta se subraya la importancia fundamental de la bendición del óleo por el obispo; se determina que el texto de Santiago debe entenderse como referido a los fieles enfermos (excluidos sin embargo los penitentes públicos, porque el óleo pertenece al "genus sacramenti") que pueden usar el óleo para sus necesidades personales (y, por lo tanto, no sólo los presbíteros).
Es asimismo interesante para la iglesia de la Galia la predicación de Cesáreo de Arlés (s. vi) que considera la unción en el contexto de la lucha cristiana contra los ritos mágicos paganos de curación, presentándola como el remedio más seguro y más fuerte, porque es el signo de Cristo, el principal y más fuerte antagonista de las fuerzas diabólicas. Es evidente que, aun desde una perspectiva de fe, el pensamiento de Cesáreo tiene el peligro de asumir un significado ambiguo, especialmente cuando debe subrayar que la unción produce sobre todo efectos corporales. Cesáreo habla también del perdón de los pecados, en particular de los que son causados por las prácticas paganas. La bendición del óleo está reservada a los presbíteros, pero los fieles pueden usarlo libremente.
La iglesia, al prolongar la acción de Cristo con los enfermos, valora el uso y la confianza de los pueblos mediterráneos en las virtudes curativas del aceite de oliva y bendice así el óleo que se usaba para los enfermos. Sin embargo, el acento se pone en la bendición del óleo (caracterizada por la solemne epíclesis), que los laicos pueden aplicar a los enfermos y que los fieles enfermos usarán en caso de enfermedad, en comunión con la iglesia; en Roma, a partir del s. vii, la bendición se pide solamente al obispo el jueves santo. Además, el texto de la carta de Santiago, sobre todo a partir de Inocencio I, se introduce en las oraciones litúrgicas para la bendición del óleo y se convertirá en la fuente inspiradora de los rituales que poco a poco se van formando en este momento. Finalmente, la relación eucaristía-unción es evidente: esta relación hará, al menos en la época pre-carolingia, que la unción no se interprete como un sucedáneo de la medicina, casi como una medicina cristiana, ni tampoco como una intervención milagrosa, sino como un recurso a la iglesia, signo de Cristo, salvador del hombre integral, al que debemos abrirnos en la fe.
De las diversas fórmulas de bendición del óleo contenidas en los sacramentarios, así como de los testimonios de  los autores eclesiásticos de los siglos V_VIII, podemos entresacar los elementos esenciales que caracterizan dicho periodo hasta la reforma carolingia:
  1. Disponemos –desde el siglo III- de fórmulas de bendición del óleo para los enfermos.
  2. El ministro de tal bendición es el Obispo, que la realiza durante la plegaría eucarística.
  3. El óleo consagrado por el Obispo recibe del Espíritu las virtudes sanadoras.
  4. De los escritores eclesiásticos surge la praxis de aplicación del óleo, es decir, la unción. La misma realizada no solo por los presbíteros sino también por los laicos.
  5. Los destinatarios son los enfermos, cualquiera sea su enfermedad, y no solo los enfermos graves, y menos sólo los moribundos.
  6. La curación corporal es el efecto principalmente invocado. Pero se mira siempre la salvación de todo el hombre: alma, espíritu y cuerpo. Al efecto espiritual y de perdón de los pecados se le da una importancia relativamente secundaria.
  7. No tenemos un ritual para la unción.

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